Editorial

La voz más importante

Publicado el 19 de noviembre de 2013 10:01 | Leído 670 veces.

Fe6acf726d6a49190154d17ea5e62234 Cuando los tiempos se tornan difíciles y pareciera que la sociedad cada vez más se aleja de Dios y sus preceptos se hace necesario una definición del rol de la iglesia.
Es la iglesia la llamada por el Señor a ser la voz profética en medio de tiempos convulsionados.

Así ha sucedido a lo largo de la historia, ha sido en los momentos más oscuros donde la iglesia ha brillado más.
Cuando escuchamos a  nuestro alrededor voces que se levantan a defender conductas y planteamientos de vida ajenos a la voluntad de Dios es cuando comenzamos a preguntarnos
¿Dónde estamos fallando? El instrumento que Dios ha levantado para establecer los valores del reino en medio de una sociedad tan convulsionada es la iglesia.
La Palabra del Señor nos enseña y nos anima a ser luz, sal de la tierra. Debido a un liderazgo pobre y arribista la iglesia ha perdido su influencia en el mundo. Vivimos una época donde las congregaciones se están quedando sordas y los predicadores mudos, y por lo tanto, la iglesia va perdiendo su influencia en medio de la comunidad donde está inserta. Creo que somos nosotros los líderes quienes debemos reaccionar frente a esta realidad, cada vez que el Señor quiere comenzar algo nuevo, especial, levanta a un hombre y a una mujer para hacerlo. Dice la Palabra del Señor que Dios despertó el corazón de Zorobabel, definirnos como iglesia es establecer claramente quienes somos y para que existimos. No permitamos que la voz profética de la iglesia se apague.
¿Quiénes somos? ¿Para qué existimos? Cada vez que definimos nuestro rol como iglesia a la luz de la Escrituras estamos irrumpiendo en la escena del caos moral y espiritual de nuestra sociedad. No permitamos que la voz profética de la iglesia sea enmudecida. Señor ven a despertar nuestro corazón, aviva tu obra en medio de los tiempos. La voz profética de la iglesia es la voz más importante que nuestra sociedad necesita oír.

 

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Fuente: Pastor Daniel Anabalón