Editorial

Orando Como a Dios le Agrada

Publicado el 5 de mayo de 2014 6:12 | Leído 862 veces.

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Sin duda que el tema de la oración, como muchos lo han definido, parece resultar hasta un tema “básico” para el cristiano. El mandato es que hay que orar en todo tiempo, que no se entendería la vida de un hijo o hija de Dios sin oración y que incluso hasta Jesucristo se dio el tiempo de ejemplificar como había que orar y como no había que hacerlo, haciendo obviamente uso de su gran pedagogía al momento de enseñarle a sus discípulos.

Sin embargo, algo ocurre a la hora de llevar a la práctica la oración. Si bien todos decimos entender lo importante, valioso y necesario que es la práctica sistemática y regular de la oración, la pregunta es: ¿Hemos entendido como le agrada a Dios que oremos?, o ¿Sólo nos hemos quedado “pegados” en una oración que cumple con mi forma de entender y ejecutar esta herramienta espiritual (si es que así se le puede llamar), basado en nuestra experiencia personal o en lo que por tradición se nos ha enseñado?.

Una pregunta para la reflexión y que podría aplicarse a muchas situaciones vividas por muchos de nosotros y en circunstancias muy actuales en donde hemos aplicado la oración como la forma de encontrar la respuesta o salida a nuestros problemas, angustias y/o enfermedades, se ejemplifica en la oración del Apóstol Pablo en Filipenses cap. 1 versículo 19, quien desde la prisión escribe “Porque sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación ” (RV 1960) ; el mismo verso en la versión NTV dice:” porque sé que la oración de ustedes y la ayuda del Espíritu de Jesucristo, darán como resultado mi libertad”; y el mismo verso en la versión de lenguaje actual señala: ” cuando sepa que, por medio de las oraciones de ustedes, y con la ayuda del Espíritu de Jesucristo, pronto saldré de la cárcel”. ¿ Qué le llama la atención en esta oración?, o mejor dicho, si usted sigue la historia relatada por el mismo apóstol, la pregunta que habría que hacerse es: ¿encontró Pablo respuesta a esta oración?. La respuesta sin duda es, desde la literalidad NO, el Apóstol no sólo no fue liberado de la cárcel sino que incluso murió en prisión.

Por lo tanto, podemos afirmar que: ¿al apóstol le faltó Fe?; ¿Pablo no sabía orar?; ¿a los hermanos que oraron desde la iglesia de los Filipenses les faltó Fé? ó ¿ ¿Pablo nunca cumplió con enseñarles a orar correctamente a las iglesias a las que predicó?. NADA DE ESO, por supuesto. Es obvio que el Apóstol, al menos en este sentido, ejerció bastante bien su ministerio en las iglesias del Asia Menor.

Entonces, ¿cómo se explica esta contradicción literaria?; la respuesta la da el mismo Apóstol, pero a la luz del análisis del texto de la misma versión RV 1960, es decir la primera que vimos, pero entendiendo que el concepto utilizado por Pablo es el que se usaba en griego para “salvación”, y por lo tanto, no habla de la cárcel propiamente tal, sino que incluso se podría afirmar que lo que él pedía era ser liberado de sus “prisiones”, es decir, algo que va mucho más allá de rejas de fierros o grilletes. SIN DUDA QUE LA ORACIÓN NO SOLO DE PABLO, SINO DE LA IGLESIA QUE ORÓ POR ÉL, FUE ESCUCHADA. Esto lo afirma el propio Apóstol cuando al fin de sus días señala: “ Yo, por mi parte, ya estoy a punto de ser ofrecido como un sacrificio, y el tiempo de mi partida ha llegado. He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he mantenido en la fe.  Por lo demás me espera la corona de justicia que el Señor, el juez justo, me otorgará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que con amor hayan esperado su venida”.

Es verdad, Pablo no salió de la cárcel; pero también es cierto que él nunca pidió salir de la cárcel, sino que él pidió que oraran por su “liberación”, el salir de sus “prisiones”, quizás hasta hablaba de sus dudas humanas que aún existían. La “tranquilidad por su propia salvación” era la gran necesidad de Pablo, y Dios sin duda respondió.

Por eso, nuestra pregunta hoy debe ser ¿Estamos orando como a Dios le agrada? o ¿ nuestras oraciones siempre responden a nuestros propios intereses, y quizás eso, más allá de la condescendencia de Dios, nos lleva a sentir hasta que Dios no nos escucha, y por lo tanto, las cosas no ocurren como nosotros desearíamos que ocurrieran?.

En el corazón de Pablo nunca estuvo la cárcel humana, siempre estuvo presente su propia cárcel espiritual y por lo tanto, su oración nació desde lo que Dios quiere oír y no desde lo que nosotros humanamente queremos pedir. Debemos entonces, aprender lo básico de la oración.

A modo de que usted siga pensando en este tema le invito a leer 1 Juan 5:14-15 donde la palabra nos dice: “Ésta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que si pedimos conforme a su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que Dios oye todas nuestras oraciones, podemos estar seguros de que ya tenemos lo que le hemos pedido”. ( NVI ) , en la traducción en lenguaje actual dice: “Confiamos en Dios, pues sabemos que Él nos oye, si le pedimos algo que a él le agrada. 

Le invito a que su siguiente oración, independiente de su urgente necesidad del momento, sea una oración COMO A DIOS LE AGRADA, es decir DE ACUERDO A “ SU VOLUNTAD” Y NO A LA MIA.

 

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Fuente: Pastor Pablo Núñez