Editorial

El Tiempo no Exonera a Nadie

Publicado el 19 de mayo de 2014 13:12 | Leído 657 veces.

01eec27549165d3ff32be1777b6ae41e Hace un tiempo escribí un artículo sobre un compañero de trabajo a quien que le diagnosticaron cáncer, con el  nos íbamos siempre juntos al salir del trabajo.  Lo llevaba todos los días pues me quedaba en el camino y comentábamos el escaso tiempo que los médicos le habían dado de vida: él me comentaba que cada día de vida para él era un regalo de Dios.

Para mí la vida es paso a paso, como si lo escuchara nuevamente llegar al trabajo y decirme "Pastor, un día más me ha regalado Dios". Esos dos meses de vida se transformaron en dos años y medio más, que le permitió vivir y disfrutar junto a su familia como nunca antes lo había hecho. Vivió cada minuto de su vida agradecido de Dios por permitirle compartir un tiempos más junto a sus seres  amados. Recuerdo una ocasión al llegar en la mañana, me dijo: "anoche me dio una crisis, tuve mucho dolor y  le pedí a Dios, y me respondió. Pastor, cuéntalo a la iglesia. También recuerdo que a mi hermana mayor, María, le diagnosticaron  un cáncer terminal. La invitamos a la iglesia: con el tiempo se entregó al Señor y no me he olvidado nunca que un  día me dijo  “ sé que voy  a morir  y no lo lamento;  lo único que siento  es no haber conocido al Señor antes y haber perdido todo este tiempo de mi vida”.  Mi abuela tenía un dicho: “nadie aprecia lo que tiene hasta que lo pierde”. Me tocó vivirlo en carne propia al darme cuenta, cuando era demasiado tarde, para decirle cuánto le amaba y  que ella era todo para mí,  pero nunca se lo pude demostrar ni decírselo.  Una noche como otras se fue a dormir  y nunca más despertó. Tuve todo el tiempo para demostrar cuánto la quería, pero lo desperdicié con malas juntas que desviaron mi formación y valores que ella me había dado. Lo vemos en todos lados, afuera y adentro de las iglesias: familias divididas.  Por lo general siempre los motivos son por cosas materiales que no tienen importancias.

 

Hoy estaba escribiendo éste artículo cuando recibí un llamado de una pastora avisándome de un hermano de su congregación que fue discipulado por mi esposa y yo, cuando éramos guías de la iglesia. Nos informó que le habían diagnosticado un cáncer terminal  y que  lo fuera a ver al hospital. El mismo día fui a almorzar con un compañero que discutía por todo. Todavía no entrábamos para que nos atendieran y ya estaba reclamando en contra del camarero y el menú.  Le comenté. "sabes, hoy Dios me hizo pensar en la vida, en lo frágil que somos, en cómo vivimos la vida. En muchas ocasiones peleando con todos y encontrando todo mal, haciendo de nuestra vidas y de las de los demás un suplicio, no viviendo ni dejando vivir, discutiendo por cosas que no tienen importancia,  perdiendo gran parte de nuestro tiempo haciendo una muy mala calidad de vida. Provocándonos enfermedades que se pueden evitar, como el irritación del colon, dolores de cabeza, insomnios lo que en muchas ocasiones termina con una depresión. Me quedó mirando y me contestó "tienes razón" y se dejo de discutir. Dios desea que esta vida  la disfrutemos y vivamos tiempos de sosiego, paz, compañerismo y amor. Por lo general siempre estamos enojados con alguien o discutimos por cosas que no tienen sentido  y perdiendo tiempo precioso que jamás se recobra.

La palabra de Dios dice: “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento”. Cuando sufrimos un accidente,  en un segundo pasa por nuestra mente toda nuestra vida.  Ahí  recapacitamos, meditamos en lo que pudimos hacer que no hicimos, nos damos cuenta cuan necios fuimos al no haber hecho lo que debimos. Cuántas veces les dices a tu esposa, hijos, nietos e iglesia que los amas. Esta  vida no es una eternidad; la eternidad está después de la muerte para los que han entregado su corazón a Cristo. Cuántos hijos, parejas, familias, amigos y compañeros de trabajo mueren sin salvación. Compartimos toda una vida con ellos y muchas veces decimos no tener tiempo para entregarle el mensaje de salvación que está en el Evangelio, que es nuestra misión principal.

 

Imágenes relacionadas



Fuente: Pastor Marco Gajardo