Editorial

Drogas: Flagelo de nuestra sociedad

Publicado el 15 de abril de 2007 21:57 | Leído 1591 veces.

Esta realidad está afectando a nuestra sociedad y a nuestras familias de una forma muy agresiva, a través de diferentes reportajes tanto en televisión, radio y medios escritos nos hemos informado del alcance de este flagelo que no mira condición económica, social ni religiosa, no respeta géneros ni edades, y lamentablemente está constituyéndose en una fuente de ganancias para muchos inescrupulosos.

No podemos cerrar nuestros ojos a esta realidad que también ha tocado a amigos, familiares y aún hermanos en nuestra fe, jóvenes que por efecto de los tiempos que vivimos, con familias destruidas, padres ausentes y con una profunda falta de afecto y amor, han quedado expuestos a este mal.

Si bien se manejan cifras por las autoridades, estas nunca van a mostrar lo que realmente ocurre, si miramos en nuestro entorno cercano podremos reconocer a aquel niño que jugaba inocentemente a la pelota, o a aquella niña que hacia de sus muñecas y muñecos una representación de su familia, hoy ambos ya no juegan, su único norte es poder tener de alguna manera la droga que satisfaga artificialmente sus necesidades y disfrace su triste realidad.

Hace un par de meses me tocó hacer un servicio de sepultación de un muchacho llamado Richard, si hubiese muerto por un accidente a causa de la droga habría sido mas fácil aceptarlo, pero no fue así, Richard se suicidó y esto nos afectó fuertemente, en el cementerio dije enfrente de familiares, amigos y otros que consumían droga junto con él, que esta no era la manera que hubiese querido despedir a Richard, ya que cuando participaba con nosotros en alguna actividad de iglesia volvía a su casa donde su madre consumía drogas, por lo tanto era llegar a su realidad de la cual le fue imposible salir y esto terminó por destruir su vida.

La vida de Richard a lo mejor es la vida de algún vecino, amigo o familiar suyo, por lo tanto dispongámonos para hacer algo y salvar a otros Richard que buscan salida y piden ayuda a gritos aún en su silencio.

 

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Fuente: Pastor Enrique Navarrete